Mi ultima noche en Lituania. En esta casa, en esta cama. Acostada, junto a mamá. Pienso en el inicio de todo. En la nieve perdida y las tardes que no fueron. Las recojo a pedazitos y las ordeno en repisas. Pienso en el super y el arroz blanco. En la katedral y el café de la esquina. Son 4 meses que de nuevo se volvieron nada, 4 meses-polvo. De nuevo termina, de nuevo comienza. Esta vez se siente más el fin. Un fin que siempre esta llegando y me arrasa de golpe. Extraño los brazos del sol. Tu risa loca y extraviada. Tus respuestas a las preguntas que no hago y tus preguntas siempre sin respuesta. Extraño ya mis tardes de nada. Los libros que lei y la entrada oscura. El río y las caminatas, la plaza y la gente triste. Uno se acostumbra hasta a la falta de sonrisas. Uno se acostumbra a las noches frías. Desde que te fuiste duermo con frío, un temblor que me recorre la piel de arriba a abajo. No descanso. Duermo a intervalos y en desmedidas.
He dejado mi casa. Vuelvo a casa. A una casa que es tan mía como no. A veces se cree que porque cuesta, debería durar más. Las cosas que duele tanto crear deberían ser para siempre. Lo aplico en mi casa, en mi frío, en mi miedo y en tu soledad. Vicenza es oscura como nunca fué Vilnius. Tengo un peso. Un grito sordo, ahogado que me presiona las orbitas de los ojos. Tengo una desilución colgante. Arrasante. Vacía. Transparente como si no existiera. Traslucida como mi amor.
lunes, 11 de junio de 2012
Me enamore del pueblo sin sonrisas.
Mi ultima noche en Lituania. En esta casa, en esta cama. Acostada, junto a mamá. Pienso en el inicio de todo. En la nieve perdida y las tardes que no fueron. Las recojo a pedazitos y las ordeno en repisas. Pienso en el super y el arroz blanco. En la katedral y el café de la esquina. Son 4 meses que de nuevo se volvieron nada, 4 meses-polvo. De nuevo termina, de nuevo comienza. Esta vez se siente más el fin. Un fin que siempre esta llegando y me arrasa de golpe. Extraño los brazos del sol. Tu risa loca y extraviada. Tus respuestas a las preguntas que no hago y tus preguntas siempre sin respuesta. Extraño ya mis tardes de nada. Los libros que lei y la entrada oscura. El río y las caminatas, la plaza y la gente triste. Uno se acostumbra hasta a la falta de sonrisas. Uno se acostumbra a las noches frías. Desde que te fuiste duermo con frío, un temblor que me recorre la piel de arriba a abajo. No descanso. Duermo a intervalos y en desmedidas.
He dejado mi casa. Vuelvo a casa. A una casa que es tan mía como no. A veces se cree que porque cuesta, debería durar más. Las cosas que duele tanto crear deberían ser para siempre. Lo aplico en mi casa, en mi frío, en mi miedo y en tu soledad. Vicenza es oscura como nunca fué Vilnius. Tengo un peso. Un grito sordo, ahogado que me presiona las orbitas de los ojos. Tengo una desilución colgante. Arrasante. Vacía. Transparente como si no existiera. Traslucida como mi amor.
domingo, 3 de junio de 2012
#yonosoy132
La gente está politizada, apasionada, emocionada, La gente está en las redes sociales. Al menos. Me gusta, me asusta. En mi tiempo libre y no, he leido más de política que en 24 años anteriores. Aveces me asombro, me emociono, veo una luz, preveo una guerra o una victoria. De quién, no lo se bien. Aveces me asombro o ruedo en el piso de las carcajadas. Todos esos que escriben; los genios, los sabios, los locos, los violentos. Todos somos México. Es interesante, está vivo.
Y yo, también puedo ser un número? También puedo manifestarme en un país en donde nadie entiende mi idioma y nadie comprende mis razones. Yo confieso que no soy 132, quizá si 1245. Estoy lejos, estoy cerca. Cerca de México por el corazón y la mente (si la metáfora viene al caso), pero principalmente por los medios y el interés. No tan cerca como me gustaría estar en estos momentos, pero tan lejos como muchos días desee lograr llegar. Estoy dividida entre deberes y compromisos. Un deseo de gritar todo aquello que tengo que decir y aún no comprendo. Las cosas a la distancia se viven distintas, a veces con suerte y aveces por desgracia. Las elecciones se aproximan, mi regreso también. Las dudas crecen. Confieso. Tengo dudas. Aveces siento que ustedes no, pareciera que están tan seguros de lo que saben. Yo no se mucho. Se que las cosas están mal y duele. Se que no deberíamos permitir que el PRI, Peña Nieto, suba a la presidencia. Se que están activos, que hace años que hacía falta. A donde se fué toda esa apatía que me hizo salir corriendo. Desapareció, está escondida bajo un velo de colectivo? Leo emociones, pasión, entrega, y pequeños diminutos despertares. También se que las cosas se apagan y tengo dudas de que esta flama se convierta en una lumbrera en un futuro. Queremos un cambio, es evidente. Quién lo hará de la mejor manera, para mi no lo es. Entiendo quien no puede hacerlo. Votamos en realidad por un partido o por la perdida del otro? Nunca es muy claro. Quizá en este caso no importe. Elegimos conscientemente a un candidato, o el delicioso fervor de ser parte de un movimiento que llevamos esperando años. Somos jóvenes, somos "revolucionarios". Ante la ocasión levantamos las manos. Sin armas. Pero la ocasión está, ha estado y seguirá estando. Me da gusto que esta vez esten en las calles. Me da gusto que las cosas se estén gestando, que la creatividad y movilidad esté al tope. Me da gusto lo que pasa, lo que se esta moviendo en el país. Yo siempre he creido. Reconozco compañeros marchando llenos de pasión y cambio, reconozco compañeros que marchan porque iban a un café y se les atravesó la protesta. Qué será de todo esto. Dificil de saber. Pronto habrá que comenzar a consolidar, a diferenciar, a fortalecer. Pronto habrá que saber quien está y quien no. Quien permanece, quien resiste. Yo por lo pronto generalmente agradezco salir a la calle y vivir en silencio, en soledad y en verde. Pronto vuelvo. Ya habrá que estar más claros. Claros, seguros, como parecen todos ustedes.
"Bienvenidos al despertar de la consciencia, la patria los estaba esperando" Y está aún y seguirá. Puedo acaso descansar tranquila? Hemos despertado todos a la consciencia? Es un milagro!
Estoy enojada, triste y aislada. Con sueños macabros y otros de revoluciones. Pienso en ustedes y sonrío (o rio). Pienso en el apoyo de Paris y España. Me gustaría mandarlo desde Lituania, con la representación de 9 mexicanos a los cuales no conozco y no se donde están. Haría una marcha invisible en la plaza y no vendrían más que dos curiosos y medio. Los Lituanos se reirían de mi y me contarían de su historia. De esa historia de guerra y ocupaciones que me ha tomado 4 meses leer y aún no comprendo. Pero sueño entre gritos. Me contarían de las masacres y la lucha interminable. De los guettos, de las deportaciones, de las prohibiciones y el miedo. Me hablarían del frío y de la falta de comida. Me describirían lo que es ser invadidos, perder a la familia, la patria y la libertad. Entonces se enojan, se ponen serios, algunos lloran. Yo no tengo nada que decir.
No se engañen, abrir los párpados no es despertar. Quizá si un comienzo. Quizá levantar los párpados sea mejor que no hacerlo. Depende de que tanto abramos los ojos. Ahora que sigue? Porque si nos sobran fuerzas, en Siria faltan manos.
jueves, 17 de mayo de 2012
Perdí mi aire. No se en donde lo dejé, no se que paso. Lo perdí, así como el mes de abril. Quizá me lo robaron.
Vilnius perdió el sol. Y yo se que volveré a casa. Mi soledad, mi fortaleza colapso un poco al sentir que estaba tan cerca. Como quien al chocar destruye sus organos y no siente nada; puede caminar al hospital porque sabe que tiene que hacerlo. Al descansar, al llegar, dormir y saber que será atendido pronto, su cuerpo se relaja y colapsa. Un poquito.
Muchas cosas me han puesto triste estos dias. Otras, llorar de alegría. Y es extraño, lo tengo todo. Agradecida. Aveces creemos que queremos ayudar a los otros, cuando en realidad solo queremos ayudarnos a nosotros mismos. Me duele seguido. Algo. Siento una gran responsabilidad. Como un mar. Mi felicidad es como un fuego. Qué es esto que escribo. Es mío. Soy yo. Ahora es suyo. Es ustedes.
miércoles, 9 de mayo de 2012
Creo que mi mejor amiga Lituana no habla ingles. Ella sirve café en la universidad; yo tomo el doble de café que hace unos meses. El 15 de febrero le pedí una galleta extra, de esas pequeñas, diminutas aspirantes a galletas, que regala cuando compras un capuchino. Le sonreí, me sonrío y supongo que le pareció audaz. Hace 2 meses, cada vez que me ve, sonríe, y en consecuencia me río. Se aligera el día y me alegra que conservemos un pequeño secreto del cual nadie sospecha. Somos seres rutinarios. Ahora cuando nos vemos sonreímos; sabe que pediré cafe; me dará más galletas que a todos los demas y nos miraremos complicemente. Hace unos días todo cambió, algo le había pasado. Lo se porque no hubieron sonrisas; no encontré en mi plato ese vínculo complice y azucarado, de amistad tácita que nos une. Me extrañé, me pregunté si había hecho algo mal y salí triste de la cafetería. Todo ha vuelto a la normalidad, me pregunto que noticia le habrán dado. Hoy mi tristeza fue apaciguada con una sonrisa complice y rubia lanzada desde el otro extremo de la cafetería. Una dotación triple de aspirante a galletita. Me preguntó si nos despediremos. El próximo mes, cuando esté cerrando caja, haciendo sumas, restas y el esperado recuento de galletitas diminutas, le faltarán varias. No sonreirá; habrá olvidado el motivo.
lunes, 7 de mayo de 2012
Sabina
Hoy no pagué el tranvía. Ninguno se hubiera atrevido a cobrarme la multa despues de verme a la cara. Hoy vomité. Fuí a clases de francés y después compré unos zapatos blancos. Fuí a la universidad y me preocupé por la tesis que aún no comienzo. Hoy caminé por el bosque que quiero compartir con mis padres. Comí carne y tomé café. Decidí que no quiero títulos, categorías. Hoy estoy sola, como estuve ayer y antier, cuando me di cuenta del desliz de la onda de impacto que puede acarrear la distancia. Ayer pensaba en la muerte, antier y anteantier. Hoy comía avena y soñaba con Bali. Hoy, lunes 7 de mayo me duele el cuerpo. Me duelen los ojos y un lugar misterioso al centro del pecho. Me duele la boca del estomago y se me durmieron las piernas. La boca me sabe a viejo y daría mi habitación en Lituania, mis tardes de mayo y mis zapatos blancos por volver a abrazar al moloso. El día pintaba eficiente y bello. Ahora llueve. Estos segundo que cambian el curso de un día para nunca regresar atras. Los instantes kamikaze. Los inesperados. Las llamadas sin retorno, los avisos eternos, los gritos gesticulados, los llantos mudos en los tranvías de paises perdidos lejos de casa. La vida. Quizá si, despues de todo, esto es la vida. Lo que no se espera.
Gordita, Sabina te mueres así de pronto y me recuerdas tantas cosas. Cosas que de cualquier manera nunca olvido por más que lo intento. Lo haces real, me lo escupes en la cara, o debería decir babeas. Lo haces presente, aquello de lo que nos olvidamos por estar viviendo. Todo muere, así de pronto. Todos morimos, estamos muriendo. O desgracia maravilla. Morimos no cuando queremos, sino cuando podemos.
Te agradezco tu bestialidad. Me hiciste más humana.
Te recuerdo y sonrío. Cada vez que te ví, sonreí. Era imposible no hacerlo. Me inspiraste amor y ternura. Tus juegos, tu torpeza. Tu mirada. Me hiciste más sensible, mas boba. Hoy te extraño ya. Quizá de otra forma no hubiera pensado en tí. Es dificil estando tan lejos.
Hay veces que estoy sola a km a la redonda y me siento acompañada. Hoy sin embargo no podía moverme de la cantidad de gente a mi alrededor, y estaba sola. Hoy bailaron por tí y por mí y por todos. Bailaron porque pueden, porque tienen. Bailaron porque les recuerda que están vivos.
domingo, 22 de abril de 2012
Ayer fue un día de encierro y silencio. Lunes. Su sonido me encantá. He comenzado a relacionarlo con nuevos comienzos, con vasos de agua fresca, con días de sol y metas (como tanta gente). Desde la calle me sonríe la nieve que ya no está. Los árboles todos salpicados de verde demuestran sus intensiones de cubrirse de hojas. La gente ha cambiado el negro por el rosa y poco a poco cambian sus rostros; sus ojos toman otro matiz. Vivo en otra ciudad. Me gusta. Yo, silencio. Ahora sonrío de tener el mismo tiempo que llevo. Camino por el río cada mañana como si me estuviera despidiendo. Con esta vida acelerada he aprendido que todo es una constante despedida. No extraño, porque reconozco. Me despedí de Atitlan apenas llegaba y aún lo siento; aveces lo añoro y puedo por segundos sentir que estoy frente al río, sobre la montaña. Me sueño tomando té en Prinsseseweg, y huelo la casa. El olor se me escapa y me frustro por lo poder recogerlo en cualquier objeto. Me sueño abrazada a él y cierro los hojos. El café está listo; de nuevo he puesto suficiente para dos. Estaá bien, ahora tomo el doble. Me pregunto que es lo que amo. Si podré estár bien sin los parques, los ríos y las montañas. Me pregunto si podré estar bien sin teatros, sin calles, sin bibliotecas. Me pregunto en donde estaré en dos meses y si cuando sea vieja olvidaré todos mis viajes y casas. Olvidar me da miedo; por eso atesoro recuerdos y despedidas. Mientras más vivo hay más cosas que se puedo olvidar.
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